4. La política de la droga blanda y los coffeeshops

4.1 Volumen e índole del consumo de cannabis

La despenalización de la tenencia de drogas blandas que tuvo lugar en 1976 no condujo a un aumento del consumo. En los primeros años después de la modificación de la Ley del Opio se estabilizó el nivel de consumo*. Según cifras nacionales, el consumo volvió a aumentar en el decenio 1984-1994. En otros lugares se observa el mismo movimiento ondulatorio*. En los Estados Unidos se ha manifestado incluso un fuerte aumento en los últimos años*. El consumo en Holanda no difiere mucho, ni en cuanto a elevación ni tendencia, del de otros países. El consumo parece verse determinado primariamente por modas en el seno de la cultura internacional de la juventud y otros desarrollos autónomos, como el volumen del desempleo prolongado entre los jóvenes. De la política de la droga que sigue el gobierno y la disponibilidad de drogas que corre parejas con ello, emana una influencia determinada.

El número de personas en Holanda que consume regularmente cannabis, lo estima el 'Instituto Holandés para Alcohol y Drogas (NIAD) en 675.000*.

Como se ha expuesto, la cantidad de consumidores de drogas blandas ha aumentado después de haber experimentado una disminución en los años setenta. La mayor parte del patrón de consumo es de índole recreativa. Entre grupos específicos de jóvenes, como los que faltan a la escuela frecuentemente y los que no tienen hogar, puede decirse que el consumo de cannabis es muy elevado e intensivo.

La política que se ha llevado a cabo en Holanda parece que no ha conducido a un aumento del consumo. Existen, sin embargo, indicios de que la existencia de coffeeshops de acceso libre contribuye a que ciertos consumidores continúen usando drogas durante más tiempo*.

Las cifras prevalecientes acerca del volumen consumista dentro de algunos grupos de población, proporcionan de por sí poca o ninguna información acerca de los aspectos problemáticos del consumo. Sobre los efectos del cannabis existe actualmente mucha literatura científica. El efecto principal del cannabis es la influencia que ejerce en el ánimo, el conocimiento y la memoria. El efecto depende de la dosificación y del modo de usarlo. Además de efectos eufóricos, tranquilidad y relajación - en virtud de lo cual en los Estados Unidos y otros países se prescribe cannabis para fines medicinales - se producen disminuciones en la capacidad de concentración, la vigilancia y el funcionamiento de la memoria*.

La toxicidad física del cannabis es reducida. No se dan casos de muerte por sobredosis ni de dependencia física. Puede producirse dependencia psíquica, pero no puede compararse según su frecuencia y grado, con la dependencia psíquica que va emparejada con el consumo de heroína, cocaína, o alcohol y nicotina. El uso de cannabis trae menos agresividad que el consumo de alcohol. El uso de cannabis no es necesario que constituya un escalón hacia el consumo de drogas duras. La cantidad de incidentes causados por una sobredosis aguda asciende a unas decenas por año. Su tratamiento es sencillo y en la mayor parte de los casos puede limitarse a conducir al consumidor a un lugar tranquilo y suministrarle una sedante, si fuese necesario.

El número de personas que por su consumo de cannabis solicita ayuda a los consultorios para alcohol y drogas (CAD) ha aumentado en los últimos años. En 1993 se hallaban inscritas en estos consultorios 1749 personas debido a problemas por el consumo de cannabis. Esto equivale al 3% del total de clientes inscritos de la asistencia a drogadictos. Se estima que se trata de 1 a 2 por ciento de los consumidores intensivos de cannabis, es decir, de quienes usan cannabis diez o más veces por mes.

El total de hechos y circunstancias de consumo conocidos actualmente da lugar a la conclusión de que los riesgos del consumo de cannabis no se califican de por sí ya como 'inaceptables', a diferencia de los riesgos que se refieren al consumo de drogas duras, como la heroína.

Sin embargo, con respecto al consumo de cannabis hay que tener cuidado. El cannabis es popular entre los jóvenes, es decir entre los consumidores que se encuentran en una fase de vida en la cual los riesgos se exploran en forma activa. La presión social actual sobre el adolescente para realizar una buena actuación en la escuela o en el trabajo es grande debido a que cada vez se imponen mayores exigencias de formación. Por otro lado, para algunos grupos, las perspectivas de un empleo duradero y del correspondiente nivel y relaciones sociales son inseguras. En este contexto, las probabilidades de un consumo excesivo de cannabis son también mayores.

Especial atención merece el efecto que ejerce el cannabis en los escolares. Verdad es que existe el convencimiento de que un consumo incidental ocasiona pocos problemas, pero también que el consumo de cannabis a diario dificulta realizar una buena actuación en la escuela. Sería conveniente que se dispusiera de mayores conocimientos sobre las experiencias de las escuelas con el uso de drogas blandas por parte del alumnado. Los inconvenientes que se dan al respecto son el temor de la dirección y juntas directivas de las escuelas por la reputación de su centro docente y de los padres y educadores por el quebrantamiento de la intimidad de los alumnos implicados. Conviene que haya más apertura.

Como continuación a las actividades ya existentes se tratará de reunir más información acerca del volumen e índole de los problemas en torno al consumo del cannabis por los alumnos y sobre la efectividad de medidas correctivas y preventivas. También se intensificará la información acerca de los riesgos del consumo frecuente e intensivo del cannabis.




Tweede Kamer, vergaderjaar 1994-1995, 24077, nrs. 2-3
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